Empezó entre samaritanos





 Desde la desaparición
de Malaquías pasaron 400 años y porque escaseaba la palabra profética había tanta influencia de la cultura griega que se  tradujo la Tora.  El Sanedrín con mayoría fariseo incluyó los llamados textos Deuterocanónicos que para los judíos era inaceptable porque que no la respetaba y Jesús lo denuncio:
Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.[1]
 Todo lo que hizo más lo que declaró le ganaron su enemistad e intrigaban buscando ocasión para juzgarle porque no  creyeron que venia del cielo.

La semana anterior a la Pascua ocurrieron sucesos importantes que marcarían el cristianismo; aunque no lo creamos empezó entre samaritanos porque había  pasado casi tres años con judíos proclamando su divinidad pero ninguno creyó.
 Cruza por Sicar
una ciudad refugio camino a Jerusalén  poblada por otros descendientes de las demás  tribus de Israel, con quiénes los suyos no se hablaban esperaba a sus seguidores en el pozo de Jacob que fueron por comida;  pero el Padre había programado un encuentro, llega una lugareña a sacar agua y se la pide, esta lo ignora como mira el alma le revela que podía calmar su sed pero aquella no reconoce su condición de pecadora finalmente le dice ser el Mesías, y se fue asombrada, sus discípulos lo vieron dialogando con ella y Judas concibió le idea de traicionarlo, se marcha, al rato aparecen los vecinos avisados por la mujer  a conocerle y le creen, empiezan a reunirse y dos días más tarde para cumplir su misión los deja congregando.
 Después de Pentecostés Juan y Pedro visitan aquel lugar en Samaria[2] donde tenían por costumbre juntarse[3] bautizándoles con fuego del Espíritu. De esta manera cumpliendo la misión encomendada entre  las ovejas perdidas y sobre la palabra que es la roca nació el cristianismo.
 Cuando dijo: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre."[4] Declaró lo que sucedería años más tarde; el templo fue destruido, los fariseos desaparecieron pero la Palabra permanece y por la incredulidad de su pueblo la salvación llega a los samaritanos y finalmente a los gentiles. Jesús de Nazaret  ¡Vive! Ello nos muestra que el Verbo hecho carne defendió la Palabra a costa de su vida y la volvió a tomar[5] para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna.[6]





[1] Marcos 7:13[2] Juan 8:14[3] Hebreos 10:25[4] Juan 4:21[5] Juan 10:17[6] Juan 3:15




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